martes, 1 de diciembre de 2009

Marco Antonio persuadiendo a Roma. Análisis de un discurso retórico.

William Shakespeare: Julio César, discurso de Antonio, acto tercero escena segunda.

La teoría retórica estudia tanto el proceso de creación del discurso como la difusión del mensaje. Por lo tanto, debemos estudiar por un lado la organización interna del texto y, por otro lado, las relaciones que este texto mantiene con el emisor, la audiencia, el referente y el contexto.
Analicemos primeramente el hecho retórico del discurso de Marco Antonio. Consideramos a éste como su emisor ya que vamos a analizar el discurso como un hecho real y no como un discurso ficticio dentro de una obra de Shakespeare. Sabemos que este hecho tuvo lugar por diversas fuentes así que analizaremos el discurso como hecho histórico.
El emisor, Antonio, se dirige a un receptor, la audiencia allí presente, los ciudadanos de Roma. El emisor aprovecha la superioridad intelectual de la audiencia para persuadirles mediante la Retórica. El referente, aquello de lo que trata el discurso, es la previa conspiración, traición y final homicidio de Julio César. Se trata de un discurso oral en un lugar abierto. La audiencia reacciona ante las palabras del orador a lo largo del discurso.
Centrándonos en el texto retórico, vamos a analizar la operación de la dispositio. Parece ser de ordo artificialis ya que el orden retórico tradicional se altera para conseguir una mayor persuasión. Aunque Antonio presenta un orden en su discurso, la organización que sigue es la de presentar argumentos en orden creciente, es decir de menor a mayor importancia. Va persuadiendo a la audiencia poco a poco sin querer expresar claramente su rechazo a Brutus y a Casio. Aún así, se va viendo cada vez más presente este rechazo y el objetivo de sus palabras. Es un discurso muy estudiado ya que se ve claramente el proceso de convicción sobre la audiencia. Les va manipulando hasta conseguir la exaltación popular en contra de los traidores que mataron a César. Antonio va manejando el discurso hacia sus propios intereses y, aunque se describe como peor orador que Brutus (siendo este último más racional) vemos que de mal orador no tiene nada pero emplea otra táctica para seducir al público: la persuasión emotiva. La elocutio es clara, limpia, expresiva y emotiva. Sin embargo, Antonio no quiere que su discurso se asocie con el discurso retórico de Brutus. Prefiere esconder sus intenciones e ir manejando a la audiencia para llegar a su fin. Al final vemos que el pueblo ha sido motivado por el discurso cuyo objetivo no es otro que el de plantar el odio y la irá de los romanos contra los conspiradores de Julio César.

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